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sábado, 20 de febrero de 2016

Fotografías de la memoria

Voy caminando y disparando fotos mentales, abriendo y cerrando el obturador de mis pupilas. Intento dedicar un segundo por cada una, en el inútil intento de recordarlas más tarde. Imagino que las publico en redes sociales, escribo un encabezado en el pizarrón de mi mente. Saco la estadística de la cantidad de "me gusta" por zona geográfica e intereses afines. De repente un garabato en la esquina inferior derecha de una de estas fotos me incomoda. Ahora todas las fotos salen manchadas. Debe ser un nuevo rayón en mis gafas, o el filtro automático de la subjetividad contaminada de ego. No le doy importancia. Sigo haciendo fotos de garabatos con fondo intercambiable. Cuando me doy cuenta ya estoy en la puerta de casa, a esto no hace falta que le tome foto, aunque dentro de poco vaya a cambiarla y dentro de menos a olvidarme de ella. Es lo que tienen las fotografías de la memoria.

jueves, 16 de octubre de 2014

Si te pienso

Si te pienso, muchacha, fue un sueño
si te pienso...
pero casi nunca te pienso.

Si te pienso,
te pienso débil,
te pienso fruto verde,
te pienso frágil...

Si te pienso,
es para tratar de entender por qué no te sueño
por qué no te extraño
por qué te desconozco...

Si te pienso, muchacha
te pienso niña,
te pienso con ternura,
con la torpeza de la inexperiencia,
con la sonrisa quebrada.

Si te pienso, muchacha
es para recrear un vértigo
una puerta que se cierra
y una ventana que me deja libre.

Pero sobre todo,
si realmente pienso para qué te pienso
es para re-crearme en los recuerdos,
para intentar reconocerme en ellos
y entonces lo entiendo...

Y caen desde la oscuridad luciérnagas
y la noche nunca es oscura,
y la que fui ya no es,
y la que soy aún es un misterio,

Ya no formás parte de mi cielo,
y por eso si te pienso
enseguida dejo de pensarte
porque ya no sé más que sentir,
y yo ya no te siento.


viernes, 29 de junio de 2012

RAQUEL

Nadie sabe si tus pequeños huesos de marfil
todavía descansarán fríos en el oscuro nicho, 
a la par de abuela Moncha, 
la que nunca conociste...

Tendrás que perdonarme 
por la imposibilidad de contar tu historia.
Por no poder describir el color de tus ojos,
el tono de tu piel,
la textura de tu cabello.
                                   
No podría saber, 
excepto por esa placa en el cementerio
y esa vieja foto desteñida, 
que un día exististe.

No podría si no fuera por el recuerdo de ella,
la madre que nos parió,
o al menos a vos,
que tu hermana y yo
fuimos cesárea.

Pero el caso es que lo sé, 
sé que viviste 
e incluso a veces lo recuerdo, Raquel.

Y he llegado a preguntarme
¿Qué sería de vos si no hubieras exhalado por última vez aquel 8 de marzo?
Parece mentira que 25 años después venga a enterarme de la fecha de tu muerte,
porque de eso no se habla ¿sabés?
de ese día no se habla.

Más en cambio, cada año,
tu madre, que es la misma que la mía,
nos recuerda tu cumpleaños,
25 de febrero.

Y no sabría decirte
si moriste para ella o seguís viva.
Ni aún el grabado de la lápida abandonada,
que nadie visitó nunca,
ni aún tu madre,
ni yo, ni nuestra hermana.

Nunca te visitamos, Raquel.
Dicen que ya no estás ahí, 
que son solo tus restos.
¿Por dónde andarás ahora?
En el país de los muertos,
en la ciudad de los ñatos,
decía la abuela.

¿Y para mí?
Solo tus huesos frágiles, diminutos,
solo tu ausencia en todas las fotografías,
solo ese sitio vacío en las fiestas,
la pareja que nunca tuviste
y esa placa grabada que nunca he leido,
marcan tu muerte.

Fue tan prematura tu despedida,
tan repentina,
que tu vida no se escribió en mi memoria.
Pero no me cabe la menor duda,
que no vivirás en este poema,
que el recuerdo que nunca tuve de vos
no morirá tampoco,
como moriste vos,
Raquel.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Encuentro

La voy a describir,
no porque lo necesite,
si no para que ustedes la conozcan.

Tenía pecas abundantes y oscuras,
cejas pobladas,
cabello negro.

Su sonrisa era amplia,
hermosa,
genuina.

Los ojos penetrantes,
como dos gotas de tinta;
me miraban,
me comprendían.

Me hablaba,
con carcajadas
que le brotaban
como agua de los ojos.

En su mano izquierda
sostenía sin dificultad
un racimo de Chirulitos.

No volver a verla,
es lo más probable.
Incluso es indispensable
que se marchara;

Eso no cambia el hecho,
tropezamos.

viernes, 7 de octubre de 2011

Me preguntaba...

No sé si te acordás de las hierberas,
de los pies fríos descalzos,
metidos entre tus piernas.

Si te acordarás de mis besos,
de la mesita de mosaico,
inconclusa,
como nosotros.

Tranquilo, yo tampoco me acuerdo...