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sábado, 20 de febrero de 2016
Fotografías de la memoria
Voy caminando y disparando fotos mentales, abriendo y cerrando el obturador de mis pupilas. Intento dedicar un segundo por cada una, en el inútil intento de recordarlas más tarde. Imagino que las publico en redes sociales, escribo un encabezado en el pizarrón de mi mente. Saco la estadística de la cantidad de "me gusta" por zona geográfica e intereses afines. De repente un garabato en la esquina inferior derecha de una de estas fotos me incomoda. Ahora todas las fotos salen manchadas. Debe ser un nuevo rayón en mis gafas, o el filtro automático de la subjetividad contaminada de ego. No le doy importancia. Sigo haciendo fotos de garabatos con fondo intercambiable. Cuando me doy cuenta ya estoy en la puerta de casa, a esto no hace falta que le tome foto, aunque dentro de poco vaya a cambiarla y dentro de menos a olvidarme de ella. Es lo que tienen las fotografías de la memoria.
lunes, 8 de diciembre de 2014
Con nombre de dios
Me quedé con hinchados y resecos labios
vacíos de tus besos.
La barbilla enrojecida
extrañando el ardor de tu barba de fuego.
Las manos calientes
esperando entrelazarse nuevamente con tus dedos
para crear caminos torcidos
como raíces.
Me quedó el pecho abierto
la sensación de contener el mundo en el ombligo.
Una sonrisa cómplice
que ha quedado como huella imborrable
del paso de tu cuerpo por el mío.
Fuimos dos planetas desconocidos
que por un instante
alinearon su órbita
eclipsando a todo el universo.
Brillando con luz propia
detuvimos el tiempo.
Fuimos la envidia de los dioses.
vacíos de tus besos.
La barbilla enrojecida
extrañando el ardor de tu barba de fuego.
Las manos calientes
esperando entrelazarse nuevamente con tus dedos
para crear caminos torcidos
como raíces.
Me quedó el pecho abierto
la sensación de contener el mundo en el ombligo.
Una sonrisa cómplice
que ha quedado como huella imborrable
del paso de tu cuerpo por el mío.
Fuimos dos planetas desconocidos
que por un instante
alinearon su órbita
eclipsando a todo el universo.
Brillando con luz propia
detuvimos el tiempo.
Fuimos la envidia de los dioses.
domingo, 5 de agosto de 2012
Verborragia sobre amantes y amores
Quizá querer sea conformarse con tener lo mejor que se nos ocurrió desear en quien nunca pensamos encontrarlo; o al menos, en esa persona que vino en lugar de otra que nunca existió como quisimos. Porque esa también vino en lugar de otra, y esa otra, de otra que imaginamos cuando éramos aún muy chicas o muy chicos.
Queremos por primera vez, y después de esa primera vez queremos de nuevo. Nos habituamos al nuevo roce de la piel entre los muslos, a las risas estridentes, a los labios con besos que hasta ahora ignorábamos. Queremos con pasión, pero también con el dolor que escoce en la herida de los amores fracasados.
Pienso entonces, cada nuevo amor es un acumulado de recuerdos, un compendio de viejos amores, de lágrimas cristalizadas y cosquillas cada vez más borrosas. Es a la vez un continente inexplorado, una ráfaga de aire con aroma a hierba buena, a limonada. Una segunda, una quinta, una infinita primera vez. Como las constantes erupciones de lava que se petrifican creando nuevo suelo sobre antiguas colinas de magma, para hacer crecer las montañas que de ninguna forma podrían existir sin las capas inferiores.
¿Será que nos habitan aún antiguos amantes? ¿Que nuestros cuerpos guardan memoria de otras manos? Puede ser... pero cuando, con delicadeza, ella explora hábilmente las curvas y repasa los surcos del terreno irregular que es mi cuerpo, me alegro. Me alegro de sentir placer una vez más a pesar de la costumbre de otros dedos, de la memoria de otras palmas, del recuerdo de una anatomía diferente a la mía que ahora no existe, que se borra para dar paso a un cuerpo que me es familiar, donde me reconozco, para usar la metáfora de Safo, como en un espejo.Y me alegro, porque no quisiera que esas caderas que reposan a mi lado fueran otras.
Es probable que luego vuelva a enamorarme una vez más y otra después de esa, y descubra otras manos y otros pies que me hagan caminar otros senderos y nuevamente el amor. Pero celebro con gemidos y leves aplausos convulsos en el sexo, que las manos, la lengua, el calor en las mejillas, el sudor como un pozo sin fondo en el ombligo, son de ella y no de otros, no de otras.
Entonces es cuando se me antoja abrir los ojos para verla bien, para confirmar su presencia y detallar sus gestos. Para superponer su rostro a los que también en otro tiempo me mostraron sin máscaras el alma. Y descanso sabiendo que este rostro mío, que ha sido de otros, ahora es de ella.
Queremos por primera vez, y después de esa primera vez queremos de nuevo. Nos habituamos al nuevo roce de la piel entre los muslos, a las risas estridentes, a los labios con besos que hasta ahora ignorábamos. Queremos con pasión, pero también con el dolor que escoce en la herida de los amores fracasados.
Pienso entonces, cada nuevo amor es un acumulado de recuerdos, un compendio de viejos amores, de lágrimas cristalizadas y cosquillas cada vez más borrosas. Es a la vez un continente inexplorado, una ráfaga de aire con aroma a hierba buena, a limonada. Una segunda, una quinta, una infinita primera vez. Como las constantes erupciones de lava que se petrifican creando nuevo suelo sobre antiguas colinas de magma, para hacer crecer las montañas que de ninguna forma podrían existir sin las capas inferiores.
¿Será que nos habitan aún antiguos amantes? ¿Que nuestros cuerpos guardan memoria de otras manos? Puede ser... pero cuando, con delicadeza, ella explora hábilmente las curvas y repasa los surcos del terreno irregular que es mi cuerpo, me alegro. Me alegro de sentir placer una vez más a pesar de la costumbre de otros dedos, de la memoria de otras palmas, del recuerdo de una anatomía diferente a la mía que ahora no existe, que se borra para dar paso a un cuerpo que me es familiar, donde me reconozco, para usar la metáfora de Safo, como en un espejo.Y me alegro, porque no quisiera que esas caderas que reposan a mi lado fueran otras.
Es probable que luego vuelva a enamorarme una vez más y otra después de esa, y descubra otras manos y otros pies que me hagan caminar otros senderos y nuevamente el amor. Pero celebro con gemidos y leves aplausos convulsos en el sexo, que las manos, la lengua, el calor en las mejillas, el sudor como un pozo sin fondo en el ombligo, son de ella y no de otros, no de otras.
Entonces es cuando se me antoja abrir los ojos para verla bien, para confirmar su presencia y detallar sus gestos. Para superponer su rostro a los que también en otro tiempo me mostraron sin máscaras el alma. Y descanso sabiendo que este rostro mío, que ha sido de otros, ahora es de ella.
viernes, 29 de junio de 2012
RAQUEL
Nadie sabe si tus pequeños huesos de marfil
todavía descansarán fríos en el oscuro nicho,
a la par de abuela Moncha,
la que nunca conociste...
No podría si no fuera por el recuerdo de ella,
Más en cambio, cada año,
Tendrás que perdonarme
por la imposibilidad de contar tu historia.
Por no poder describir el color de tus ojos,
el tono de tu piel,
la textura de tu cabello.
No podría saber,
excepto por esa placa en el cementerio
y esa vieja foto desteñida,
que un día exististe.
No podría si no fuera por el recuerdo de ella,
la madre que nos parió,
o al menos a vos,
que tu hermana y yo
fuimos cesárea.
fuimos cesárea.
Pero el caso es que lo sé,
sé que viviste
e incluso a veces lo recuerdo, Raquel.
Y he llegado a preguntarme
¿Qué sería de vos si no hubieras exhalado por última vez aquel 8 de marzo?
Parece mentira que 25 años después venga a enterarme de la fecha de tu muerte,
porque de eso no se habla ¿sabés?
de ese día no se habla.
Más en cambio, cada año,
tu madre, que es la misma que la mía,
nos recuerda tu cumpleaños,
25 de febrero.
Y no sabría decirte
si moriste para ella o seguís viva.
Nunca te visitamos, Raquel.
¿Y para mí?
Ni aún el grabado de la lápida abandonada,
que nadie visitó nunca,
ni aún tu madre,
ni yo, ni nuestra hermana.
Nunca te visitamos, Raquel.
Dicen que ya no estás ahí,
que son solo tus restos.
¿Por dónde andarás ahora?
En el país de los muertos,
en la ciudad de los ñatos,
decía la abuela.¿Y para mí?
Solo tus huesos frágiles, diminutos,
solo tu ausencia en todas las fotografías,
solo ese sitio vacío en las fiestas,
la pareja que nunca tuviste
y esa placa grabada que nunca he leido,
y esa placa grabada que nunca he leido,
marcan tu muerte.
Fue tan prematura tu despedida,
tan repentina,
que tu vida no se escribió en mi memoria.
que tu vida no se escribió en mi memoria.
Pero no me cabe la menor duda,
que no vivirás en este poema,
que el recuerdo que nunca tuve de vos
no morirá tampoco,
como moriste vos,
Raquel.
que no vivirás en este poema,
que el recuerdo que nunca tuve de vos
no morirá tampoco,
como moriste vos,
Raquel.
martes, 11 de octubre de 2011
viernes, 7 de octubre de 2011
Me preguntaba...
No sé si te acordás de las hierberas,
de los pies fríos descalzos,
metidos entre tus piernas.
Si te acordarás de mis besos,
de la mesita de mosaico,
inconclusa,
como nosotros.
Tranquilo, yo tampoco me acuerdo...
de los pies fríos descalzos,
metidos entre tus piernas.
Si te acordarás de mis besos,
de la mesita de mosaico,
inconclusa,
como nosotros.
Tranquilo, yo tampoco me acuerdo...
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