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lunes, 8 de diciembre de 2014

Amar es volar

Precisamente porque te amo
es que no puedo llorar al ver que te marchas,
al ser testigo de que emprendes un nuevo vuelo,
en dirección misteriosa.
Te conocí volando, hicimos nido por un corto tiempo,
¿cómo podría llorar?
Si me enamoré de tu danza bajo el sol de mediodía.
Pero a vos, te parece que es porque no te quiero
que no puedo derramar lágrimas.
Me reclamás que en realidad nunca te quise
si es tan fácil para mí decirte adiós.
Pero querida, no te das cuenta que tu amor me hizo tan rica, 
que ahora amo el cielo porque sé que vos en algún lugar, 
lo estás acariciando con tus alas
mientras yo con las mías juego con el viento.
No puedo llorar porque al sentir amor no siento miedo,
¿y qué si te vas? 
Amor es libertad, amor es desapego...
Yo no puedo llorar de saberte libre,
de ir a donde querás y de sentirte amada.
Yo me siento afortunada,
y sólo me sale volar y sonreír.

Con nombre de dios

Me quedé con hinchados y resecos labios
vacíos de tus besos.
La barbilla enrojecida
extrañando el ardor de tu barba de fuego.
Las manos calientes
esperando entrelazarse nuevamente con tus dedos
para crear caminos torcidos
como raíces.
Me quedó el pecho abierto
la sensación de contener el mundo en el ombligo.
Una sonrisa cómplice
que ha quedado como huella imborrable
del paso de tu cuerpo por el mío.
Fuimos dos planetas desconocidos
que por un instante
alinearon su órbita
eclipsando a todo el universo.
Brillando con luz propia
detuvimos el tiempo.
Fuimos la envidia de los dioses.