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lunes, 8 de diciembre de 2014

Amar es volar

Precisamente porque te amo
es que no puedo llorar al ver que te marchas,
al ser testigo de que emprendes un nuevo vuelo,
en dirección misteriosa.
Te conocí volando, hicimos nido por un corto tiempo,
¿cómo podría llorar?
Si me enamoré de tu danza bajo el sol de mediodía.
Pero a vos, te parece que es porque no te quiero
que no puedo derramar lágrimas.
Me reclamás que en realidad nunca te quise
si es tan fácil para mí decirte adiós.
Pero querida, no te das cuenta que tu amor me hizo tan rica, 
que ahora amo el cielo porque sé que vos en algún lugar, 
lo estás acariciando con tus alas
mientras yo con las mías juego con el viento.
No puedo llorar porque al sentir amor no siento miedo,
¿y qué si te vas? 
Amor es libertad, amor es desapego...
Yo no puedo llorar de saberte libre,
de ir a donde querás y de sentirte amada.
Yo me siento afortunada,
y sólo me sale volar y sonreír.

martes, 11 de noviembre de 2014

El último mordisco de croissant

Es inútil tratar de explicar los sentimientos que sólo pueden decirse en un beso que acaba con mi mirada buceando en la profundidad de tus ojos... de nada sirve, porque cuando lo intento nunca puedo explicarme bien. No pude trasmitirte con palabras el fuego que me hiciste arder adentro, la avalancha que me recorrió el cuerpo sacudiendo hasta los rincones más oscuros de mis cuevas, no hay explicación para las comisuras de los labios sostenidas con un hilo invisible a mis orejas... no puedo, porque no tengo palabras y porque las que tengo no puedes aceptarlas.

Y sé que nada de lo que escriba, de lo que diga, de lo que llore va a poder expresarlo porque simplemente el mensaje no llega. Y me siento como un noticiero chino con subtítulos en koreano, como una llamada por cobrar esperando inútilmente que la operadora me diga que mi llamada ha sido aceptada, o quizá más como un mapa sin escala definida donde los nombres ilegibles podrían corresponder a cualquier lugar del mundo. Y sólo se me ocurre regalarte el último mordisco de croissant, pero ya no estás para recibirlo.

martes, 20 de noviembre de 2012

Despedidas infinitas

Siempre le he temido a las despedidas definitivas. Imaginarme estar al minuto siguiente sin la seguridad del minuto pretérito, me aterra. Saber que hay un último beso, una última noche bajo las sábanas frías, que podría ser esta. Entonces extiendo el final, lo extiendo como si quisiera hacer de un punto negro una línea de regaliz recta con destino incierto. Invento estrategias, me vuelvo a enamorar, cada vez por menos tiempo. Hago planes a futuro. Me siento cobarde. Me siento embustera. Me siento responsable. Y pienso una vez más en El Principito, soy responsable de mi rosa, soy responsable para siempre de lo que he domesticado.

lunes, 17 de octubre de 2011

The end

Hay silencio.
El punto final,
no el suspensivo último,
se ha colocado.

La página escrita,
el punto desafiándola,
pero esta no se resiste.

La pausa
se ha convertido en muerte,
sin derecho a  resurrección.

Esta vez el dios no pudo vencer el Hades.