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lunes, 8 de diciembre de 2014

El agua estancada hiede

No intentés meterme en frascos de vidrio con tapas de rosca. Los espacios cerrados me producen claustrofobia, y necesito salir a respirar otros aires. No entiendo por qué te tranquiliza pensar que ya estoy encontrando el punto medio, que estoy solidificando mis bases, que estoy construyendo mi identidad. ¿No entendés a caso que apenas un segundo duran las cosas estables antes de que un huracán las destruya? No tengo interés en inmortalizar mi imagen en tus espejos, ni en los míos.

No me atraen las suelas de cemento, las cárceles de oro. Me apasionan las alas de pájaro, las olas cambiantes del mar. ¿Y qué si un día quiero ser una y otro otra? ¿Y qué si un día no quiero ser más? Hoy lo soy todo.

No te molestés en tratar de hacerme entender el origen y la expansión del Universo, porque ya conozco la propia expansión de mis entrañas comiéndose el mundo cuando estoy con vos.

No tratés de inmortalizar las estrellas fugaces en fotografías, ¿acaso no ves que es hermoso el mar cuando por un instante brilla a la luz de los rayos furiosos? No hay necesidad de calmar tormentas ni capturar segundos, cuando se sabe que se tiene el Universo en el pecho, y como vos me dijiste un día... el Universo está en constante cambio.

martes, 11 de noviembre de 2014

El último mordisco de croissant

Es inútil tratar de explicar los sentimientos que sólo pueden decirse en un beso que acaba con mi mirada buceando en la profundidad de tus ojos... de nada sirve, porque cuando lo intento nunca puedo explicarme bien. No pude trasmitirte con palabras el fuego que me hiciste arder adentro, la avalancha que me recorrió el cuerpo sacudiendo hasta los rincones más oscuros de mis cuevas, no hay explicación para las comisuras de los labios sostenidas con un hilo invisible a mis orejas... no puedo, porque no tengo palabras y porque las que tengo no puedes aceptarlas.

Y sé que nada de lo que escriba, de lo que diga, de lo que llore va a poder expresarlo porque simplemente el mensaje no llega. Y me siento como un noticiero chino con subtítulos en koreano, como una llamada por cobrar esperando inútilmente que la operadora me diga que mi llamada ha sido aceptada, o quizá más como un mapa sin escala definida donde los nombres ilegibles podrían corresponder a cualquier lugar del mundo. Y sólo se me ocurre regalarte el último mordisco de croissant, pero ya no estás para recibirlo.

domingo, 25 de marzo de 2012

Cartas para ella

Más temprano que tarde
leerás este poema.
Antes incluso
que me de tiempo de disimular
en rebuscados versos,
con gastadas y roídas metáforas,
que se trata de vos.

Lo sabrás,
antes de la edición
que la decencia exige,
y que me hubiera permitido esconderme
en las líneas torpes,
en las palabras repasadas mil veces,
en las rimas trilladas.

No puedo tener la certeza de cuando,
pero lo verás
y sabré entonces que he perdido.
No solo ahora
si no desde el instante preciso
en el que me permití verte
un poco más de la cuenta.
Desde el maldito segundo
en que nos imaginé
tomadas de las manos,
desde el día en que te vi bailar,
desde antes incluso.

No insistiré,
no trataré de ocultar el rostro detrás del cabello,
detrás de las letras que llevan tu nombre.
Perpetuaré mi deseo
asomado tras un mal disimulo.
No insistiré.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Hacer el amor con la mirada

Hay días en los que recuerdo lo mucho que lo amo todavía, sí a usted... el que aún lee mi blog y guarda mis letras para protegerlas del tiempo y de mi maña de tirarlo todo por la borda. Pero hay días en los que usted aparece así no más, aparece de la nada y ya no recuerdo que lo amo, solamente lo amo... Y dejo de recordar lo que sentía al abrazarlo, solo para sentirlo de nuevo y comprobar que me hacía más falta de lo que quería pensar... que mi pecho aún se siente seguro en el suyo, que mis dedos se entrelazan perfectamente con sus manos en un abrazo inmenso, porque ayer hicimos el amor con la mirada... Un amor triste, impedido, mutilado... Hicimos un amor manco, sin extremidades ni extremos, sin más extremos que las lágrimas en las comisuras de los ojos, luchando para salir pero sin hacerlo. Hicimos el amor, con las manos, unas manos frías y temblorosas que querían arrancar el tiempo, la noche, la soledad y la ropa. Hicimos el amor, y luego nos soltamos, sin volver a ver atrás, arrancándonos de golpe, dejándonos bruscamente, porque sabíamos que era la única manera de no quedarnos abrazados infinito. Nos soltamos sin despedirnos, porque ya lo habíamos hecho, porque sería muy doloroso despedirse dos veces... Y nos alejamos, huimos el uno del otro teniéndonos miedo, desafiando el magnetismo de nuestros cuerpos, de nuestras manos, sin importar que nos vieran... hicimos el amor y nos alejamos...

jueves, 1 de septiembre de 2011

Carta a Neruda

Neruda, amigo... Yo también pude haber escrito los versos más tristes, pero ya vos los habías escrito... Mi alma no se contenta con haberlo perdido, pero se alegra de haberte encontrado, una vez más, siempre oportuno. "Es tan corto el amor y es tan largo el olvido" escribiste aquella vez para que pudiera robar tus palabras y hacerlas mías, para sentirlas, para usarlas de manto.

Regreso a este viejo poema, y me pregunto si acaso todos los amores serán parecidos, si acaso todos los olvidos serán iguales... pero no, yo no quiero olvidar. Sería insensato querer borrar los recuerdos. El amor no se olvida, eso tampoco. Se puede dejar de querer-lo pero no se olvida.

Y no creo tampoco que sea corto el amor, pues he descubierto que poseo un amor infinito, que no se extingue cuando no puede ser compartido, sino que se ensancha, se esparce por el mundo, se multiplica.

Lo que trato de decirte, amigo, es que mi amor es para el mundo, es para la poesía, es para mí. Y lo comparto hoy con vos y otras veces lo compartí con él, con ellos. Con los que se alimentaron de mi amor por un momento breve, brevísimo, que hubiera querido que fuera eterno, porque aún tenía más y tengo ahora mucho más que antes.

Pero fue así, y no hay olvido que pueda sanar las cicatrices de los mordiscos del amor, ni tengo ganas de maquillarlas. Me gustan ahí, me gusta verlas para recordarme como bien lo dijiste vos, que "nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos".

Quizá puedo empezar a decir ahora, que compartir ese amor nos hizo mejores...